Nuestra sufrida experiencia en una biblioteca

 

El lunes anterior al primero de mayo era día hábil, pero mucha gente lo hizo sandwich.Los tres miembros de esta familia estabamos libres para gozar el día.Emprendimos el rumbo en busca de un lugar para ir a almorzar. La primera parada fue el Olan, buena comida peruana a cuadras de la casa. Pero lamentablemente no dejan entrar a niños porque decidieron dejarlas dependencias ”sólo para fumadores”. Y, aunque pusieron un par de mesas en la vereda, era imposible almorzar ahí porque gente las rondaba esperando el primer atisbo de que un comensal pagara la cuenta.El plan original era ir con Cariro a la Biblioteca de Santiago que tiene una espectacular sección para niños. La tía Betsa, que está en Francia, le había contado a Cariro que en ese país las bibliotecas tenían ludotecas (ellos le dicen ludoteque). Parece que en esta biblioteca había algo muy parecido a eso.Hicimos un “loco” y nos propusimos encontrar un lugar random para almorzar, que quedará en el camino y que se viera entrete. Así llegamos al Ocean Pacific, un restaurant que más parece museo marino. Precioso por dentro y con una comida de lujo. Aunque es un tanto caro, vale la pena.Con guatita llena, enfilamos a la Biblioteca Santiago en la calle Matucana. Ibamos doblando hacia sus estacionamientos subterraneos cuando una hoja blanca tamaño oficio nos detiene: Cerrado el lunes.¿Qué estará cerrado el lunes?, ¿La biblioteca o el estacionamiento?.Nos quedamos mirando hacia el recinto y vimos como un señor muy bien terneado le hacía gestos a un grupo de escolares que miraban desde la puerta de vidrio. Cuando los muchachos se devolvieron nos quedó claro qué es lo que estaba cerrado.Porfiados, empinamos por calle Portales rumbo a la Biblioteca Nacional. El objetivo era que Cariro conociera como funcionan las bibliotecas, ver si de verdad servía su carnet del Club de Memoriosa y, todo eso experimentarlo con una simple acción: pedir el libro “Perdí mi calcetín”, de Leslie Leppe, que Cariro debe leer para el colegio.Estacionados a cuadras de la biblioteca, caminamos hasta allá. Despúes de unas preguntas en informaciones encontramos la pequeña sala de prestamos a domicilio. Al parecer no hay una sala infantil, como en la Biblioteca Santiago.PARENTESISNosotros de vez en cuando vamos al Café Literario, al frente de la casa en Providencia, y es espectacular lleno de libros. No somos socios (hay que pagar una cuota anual), pero Cariro se puede sentar en unos sillones colorinches a leer el libro que le plazca. Generalmente son los Asterix. Esto no era igual.CIERRE PARENTESIS En la Biblioteca Nacional había un solitario caballero atendiendo los prestamos a domicilio. Al parecer estaba colapsado. Esperamos por paciencia como media hora para que nos atendiera, ya que había más gente pidiendo y devolviendo libros. Por mientras veíamos los estantes en busca de “Perdí mi calcetín”.Cuando nos atendió Cariro le mostró su carnet del Club de Memoriosa. Lo miró, frunció el ceño y nos dijo: si sirve para pedir libros, pero antes tengo que registrarlos en el sistema.Parecía lógico. Cualquiera puede pedir libros y no traerlos nunca más. Llenamos un formulario y él lo ingreso al sistema. Ahora pueden pedir libros, nos dijo.Le mostré los datos sobre “Perdí mi calcetín” que había sacado del computador que almacena el catalogo de la biblioteca. Lo miró y frunció el ceño.”Ese libro no está aquí”, dijo.¡Chupalla! ya llevabamos 45 minutos y no habíamos sacado nada. La experiencia para Cariro se estaba volviendo aburrida. Decir traumática es exagerado.Sólo los libros que estaban en esa sala se prestaban para la casa. Es decir, la Biblioteca más grande de Chile tiene una sección de prestamos a domicilio más chica que la que tenía mi escuelita Millaray, en Temuco. Y eso que era harto pobre.Le pregunté ¿Y dónde lo encontramos?”En la sección Chilena, en el segundo piso”, respondió. “Pero allá es sólo lectura en sala, los textos no son prestados para llevárselos a la casa”.”No importa”, le dije. “El libro es cortito así que lo puede leer en menos de media hora”.Frunció el ceño por tercera vez. “La  verdad es que en esa sala no pueden entrar niños”, se sinceró.Todo mal. Hasta ahí todo tenía una razón de ser. Pero esto era algo ilógico.”Por qué tener los dos únicos ejemplares de un libro orientado a niños de 6 ó 7 años en una sala donde no pueden entrar niños”.Me acordé de los jueguetes de Toy Story que los llevaban a un museo. Uno de esos juguetes estaba feliz porque iba a durar eternamente, nadie lo estropearía. Pero el juguete que sabía lo que era tener como dueño a un niño, que le dieran uso, sentirse útil y querido, renagaba de la idea.¡Qué utilidad más que la del coleccionista iba a tener guardar un libro en un lugar donde jamás iba a ser utilizado!EL señor me explicó que por ley se compran dos ejemplares de cada libro que sale en Chile. Y se van a la sección chilena donde no entran niños.Rompimos las reglas. Previa advertencia a Cariro de qué es un lugar de estudio, donde no se permite el ruido y la gente está concentrada, tomamos el ascensor para que los guardias no nos pararán en las escaleras.Llegamos y entramos. Sacamos la tarjeta de Memoriosa y emprendimos el rumbo al mesón. Llené la paleta a nombre de Cariro y mostré el carnet.¿Y su carnet de identidad?, me dijo una señora.Es que lo pide él, le dije tocándole la cabeza a Cariro y estirando su carnet de Memoriosa. “Él no tiene carnet”"Él no puede pedir. Tiene que ser más grande”, dijo la señora y comenzó a atender a otras personas.Abajo el caballero me dijo que los niños menores de 14 no podían pedir. Pero en el reglamento pulicado en unos paneles decía menores de 18. Osea que la restricción era más drástica.Lo bueno. Es que no nos echaron de la sala. Y Cariro se quedó con la mamá, sentado en un mesón. Tranquilito, hablando en susurros.Al final yo hice la papeleta a mi nombre. Pedí el libro y como era de esperar estaba intacto. Tengo 98% de certeza que Camilo era el primer niño en leerlo. Más allá del honor, Cariro tomó el ibro y en un dos por tres lo leyó en la sala y nos fuimos. En buca de un café para sentarnos a tomar once. Ya era tarde.Corolario:Días después mi señora llegó con el libro comprado desde una libería del centro.”Pero ¿cómo?”, le dije. “No podemos comprar cada libro que le pidan a Cariro. Además, para eso lo podemos llevar a la Biblioteca”.”Naah, allá es puros problemas”, me dijo. Y le pasó el libro a Cariro.

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14 pensamientos en “Nuestra sufrida experiencia en una biblioteca

  1. Lamentablemente en este país lo que menos se hace es incentivar la lectura en los niños. Ya sabemos que entre adultos se lee muy poco, y ésos ya no tienen solución. Es a los niños a los que hay que inculcarles el valor de los libros … cosa cada vez más difícil, sobretodo con los libros que les dan a leer en el colegio. Nadie niega que sean clásicos, pero de motivantes no tienen mucho.

  2. Hay varios problemas.
    El primero es la elección de textos adecuados a las edades de los niños. Cosa que ha mejorado en elúltimo tiempo, apoyado con la aparición de escritores infantiles. (al parecer es un buen negocio, esto de los libros para niños).

    El otro es el acceso a los libros. Si pensamos que un niño en un colegio le hacen máximo un libro al mes, se gasta mucha plata en libros. Y eso que no estoy hablando de papás que les gustaría que sus hijos leyerán cada noche al acostarse. Porque ahí se gastaría una enormidad.
    La solución es potenciar el área de prestamos a domicilios para niños.

    El tercero es…puchas que son caros los libros en este país. Esa es una tarea de las autoridades. Bajar impuestos, incentivar donaciones a bibliotecas (ley Valdes), etc.

  3. Cariro no desesperes..otro día ojalá tus papis te lleven a la Biblioteca de Santiago, se que te gustará la sala para niños! es increible!..solo debes ir en los horarios establecidos…y no los feriados..y no pierdas las ganas de leer.
    Cariños.

  4. AH! Olan..buen lugar, rica comida, la primera vez fui con Maño..y de ahi he ido varias veces..y el Ocen pacific..rico,tienes razón es algo caro.
    Para la proxima les recomiendo en mariscos el Azul Profundo que está en el barrio Bellavista (calle constitución creo) es muy bueno!. Igual es algo caro.. ;)

  5. omgunz… yo había escuchado mitos sobre la biblioteca nacional pero nunca pensé que fuera tan cuadrada la custión… falta que pongan detector de metales y mentira y te escolten por las escaleras…
    definitivamente estamos mal… por un lado las autoridades dicen “hay que aumentar la lectura en los niños” y por otro la restringen… o sea ¿de qué estamos hablando?
    por otro lado, ciertamente los libros deberían ser más baratos.

  6. Uh, así claro que le dan muchas ganas a los niños de ir a la biblioteca… cuac…

    Y para no comprar cada libro que le pidan a los niños, sería top algo así como una página de intercambio ¿no?

    ¡Saludos!

  7. Uh, así claro que le dan muchas ganas a los niños de ir a la biblioteca… cuac…

    Y para no comprar cada libro que le pidan a los niños, sería top algo así como una página de intercambio ¿no?

    ¡Saludos!

  8. Uy si! q buena idea! si alguien sabe de alguna que deje datos por acá… gracias!

  9. Pingback: Ahora todo resultó en la Biblioteca « Cariro and Father

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  11. bueno es realmente una mala experiencia, vivo en Colombia y hace poco estuvimos con mis (hijos Andrés 12 Gisselle 11) en una biblioteca pública llamada El Tunal que queda en el sur de la ciudad, por los lados de Ciudad Bolívar en Bogotá.

    Tengo que ser sincero hace más de 25 años que no entraba a una bibliotecca aunque yo era muy buen lector, quede asombrado de la Biblioteca, la sala de niños espectacular, libros bellos y hermosos y no sólo de cuentos, sino también de ejercicios de laboratorio, diccionarios con muchos muñequitos y ahí mismo sala de internet con sillas pequeñas, para niños, muy bonito, salí de esa sala y en otra habia una guarderia (sitio donde se dejan a los más pequeñitos) para niños pequeños que tenía televisores, juegos didacticos, en la sala general algo que me parecio imposible LOS LIBROS AL ALCANCE de cualquier persona, en mi época eso no existía, para pedirlos tocaba saber bien el nombre y con eso esperar más de media hora en una sala maluca y allí los libros estaban al alcance de todos, biblioteca de tres pisos con ascensor, lo unico vedado era una zona de internet sólo para adultos y había hasta un sitio donde vendían refescos y comida, lo mejor de todo es que sales de la biblioteca y te encuentras un parque inmenso, allí estuvo el Santo Papá.

    Toca decirle a los dirigentes de ese país que vengan un día y conozcan estos bellos ejemplos de biliotecas públicas que tenemos, mi hija pidió un carnet y se lo entregaron de inmediato con foto a bordo.

    Saludos y bendiciones.

  12. Lo siento quizás casi como Cariro, me da una profunda tristeza lo que comentas, soy bibliotecóloga y para algunos tengo un defecto: me encantan los niños, el acercarlos a las bibliotecas y la lectura ha sido este año para mí una verdadera satisfacción, bueno y que decir de las reglas,esas están para quienes ya tienen el alma vieja, “criterio” antes de reglas y todos estaríamos mejor.

    Cariro, trabajo en una biblioteca escolar, no tenemos muchos recursos, pero los niños pueden leer, hojear conversar con otros niños, jugar y plantearme cualquier duda que tengan, hasta tenemos un club, ah y los libros no los mantengo en buen estado los niños los pegan con scotch o los corchetean. Son sus libros y es su biblioteca.

  13. Hola, adenmás de estar de acurdo con la falta que le hace a los cabris chicos leer, te cuento que tambien soy un ex alumno de la gloriosa Escuela Millaray Nº 94 de Temuco (para m sigue siendo así) y me encantaría saber de ex alumnos y tener contacto con cualquiera que quiera recordar eso hermosos años de escolar.
    un abarzo

    Manolo
    mi correo es pitty1958@hotmail.com

  14. disculpen las faltas del posteo anterior, debe haber sido la emoción; esas faltas no las hacen los ex alumnos de la Millaray, en mis tiempos no nos ganaban ni la Llaima ni la Campos Deportivos ni la Escuela 5, que eran las escuelas que siempre competían con nosotros. saludos

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